«Viendo el trabajo con que remaban..., a eso de la cuarta vela de la noche, va hacia ellos»
En seguida, Jesús obligó a sus discípulos a que subieran a la barca y lo precedieran en la otra orilla, hacia Betsaida, mientras él despedía a la multitud.Una vez que los despidió, se retiró a la montaña para orar.Al caer la tarde, la barca estaba en medio del mar y él permanecía solo en tierra.Al ver que remaban muy penosamente, porque tenían viento en contra, cerca de la madrugada fue hacia ellos caminando sobre el mar, e hizo como si pasara de largo.Ellos, al verlo caminar sobre el mar, pensaron que era un fantasma y se pusieron a gritar, porque todos lo habían visto y estaban sobresaltados. Pero él les habló enseguida y les dijo: "Tranquilícense, soy yo; no teman".Luego subió a la barca con ellos y el viento se calmó. Así llegaron al colmo de su estupor, porque no habían comprendido el milagro de los panes y su mente estaba enceguecida.Es Palabra del Señor. Gloria a ti Señor Jesús.
Meditación del día
Mentes cerradas. ¿No veis que Dios pasa junto a vuestra barca en la tormenta de vuestra triste vida?
¡Llámalo!
No te asustes; no creas ver un fantasma: ¡Es Dios!
Dios que pasa a tu lado, porque ha visto tus esfuerzos en ser mejor, en dominar tus instintos, en unirte en caridad y con servicio mutuo, a los que la vida te ha puesto al lado, para que juntos hagáis un mundo mejor, el mundo del ser superior, del que vive feliz de ser lo que es: Hijo de Dios.
¡Llámalo!
Él, Dios, pasa; y quiere ser llamado por tu fe.
Deja el miedo y llámalo.
"Jesús ven, ayúdame"
Y para colmo, además de subir en pleno mar, el viento se calmó: La tentación pasará y oirás:
"Tranquilícenseme, soy Yo; no teman".
¿Por qué habla en plural Dios cuando viene a ti, en tu tormenta? ¿Será por qué cuando vives en medio de ella, de la tormenta, arrastras contigo, por ella y el dolor que te causa estar en ella, a otros? Sí, creo que sí. Creo que cuando tú sufres, haces sufrir a otros, por tu mismo sufrir, por no querer sufrir, por miedo al dolor en el sufrimiento. Dios sufrió y calló, oró y calló. ¡Cuántos pecados se cometen cuando uno sufre y no quiere sufrir!
Sufre como Jesús, orando al Dios Padre, llorando y no haciendo culpable a nadie de nada, porque todo es parte del pecado de vuestros primeros padres, Adán y Eva, y a causa de ello, tu sufres: ¡Es inevitable! Y no diga entonces que sufres por lo que te ha hecho este u el otro; sino que se justo, y di que hay imperfección en el mundo, en ti, en el otro. Y mira, ¡mira, Allí! Dios pasa y quiere que lo llames:
"¡Jesús ayúdame!"
P. Jesús
viernes, 2 de enero de 2009
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