"Curación de un paralítico"
Cuando a los pocos días volvió Jesús a Cafarnaún, se supo que estaba en casa. Acudieron tantos que no quedaba sitio en la puerta. Él les proponía la palabra. Llegaron cuatro llevando un paralítico, y como no podían meterlo por el gentío, levantaron unas tejas encima de donde estaba Jesús, abrieron un boquete y descolgaron la camilla con el paralítico. Viendo Jesús la fe que tenían, le dijo al paralítico: -Hijo, tus pecados quedan perdonados-. Unos letrados, que estaban allí sentados, pensaban para sus adentros: -¿Por qué habla éste así? Blasfema. ¿Quién puede perdonar pecados fuera de Dios?- Jesús se dio cuenta de lo que pensaban y les dijo: -¿Por qué pensáis eso? ¿Qué es más fácil: decirle al paralítico -tus pecados quedan perdonados- o decirle -levántate, toma tu camilla y echa a andar-? Pues, para que veáis que el Hijo del hombre tiene potestad en la tierra para perdonar pecados…, entonces le dijo al paralítico: -Contigo hablo: Levántate, toma tu camilla y vete a tu casa-. Se levantó inmediatamente, tomó la camilla y salió a la vista de todos. Se quedaron atónitos y daban gloria a Dios diciendo: -Nunca hemos visto una cosa igual-.
Es Palabra del Señor. Gloria a ti Señor Jesús.
Meditación del día
Todo aquel que no anda el camino de la justicia, que es el cumplimiento fiel de los diez mandamientos de la Ley de Dios; éste, está paralítico, y los amigos verdaderos lo llevan hasta Jesús, y Jesús, Dios, está en la Iglesia de Pedro, del Papa; no hay otra Iglesia de Dios el Salvador, el Redentor, el Amor.
Y Dios te dirá, a ti paralítico: "Toma tu camilla y vete a tu casa". Coge tus pecados y vete al confesionario y allí deja tu camilla y anda hasta el altar y Comulga, porque Dios te ha perdonado y desea andar contigo por la vida, para mostrarte la senda de la oración, la mortificación, el sacrificio, el servicio y el ayuno por amor a Dios.
Todo está en Dios; no busques nada fuera de Él, porque sólo Dios te perdona y te salva: Sólo Jesús, en la Iglesia de Pedro, el Papa.
Anda.
P. Jesús
viernes, 2 de enero de 2009
Evangelio del Domingo 22 de Febrero
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