viernes, 2 de enero de 2009

Evangelio del Domingo 15 de Marzo del 2009

¡Padre, he pecado!

Solían acercarse a Jesús todos los publicanos y pecadores a escucharle. Y los fariseos y los escribas murmuraban entre ellos: “Ése acoge a los pecadores y come con ellos”. Jesús les dijo esta parábola: “Un hombre tenía dos hijos; el menor de ellos dijo a su padre: “Padre, dame la parte que me toca de la fortuna”. El padre les repartió los bienes. No muchos días después, el hijo menor, juntando todo lo suyo, emigró a un país lejano, y allí derrochó su fortuna viviendo perdidamente. Cuando lo había gastado todo, vino por aquella tierra un hambre terrible, y empezó él a pasar necesidad. Fue entonces y tanto le insistió a un habitante de aquel país que mandó a sus campos a guardar cerdos. Le entraron ganas de saciarse de las algarrobas que comían los cerdos; y nadie le daba de comer. Recapacitando entonces, se dijo: “Cuántos jornaleros de mi padre tienen abundancia de pan, mientras yo aquí me muero de hambre. Me pondré en camino en donde está mi padre, y le diré: Padre, he pecado contra el cielo y contra ti; ya no merezco llamarme hijo tuyo: trátame como a uno de tus jornaleros”. Se puso en camino a donde estaba su padre; cuando todavía estaba lejos, su padre lo vio y se conmovió; y, echando a correr, se le echó al cuello y se puso a besarlo. Su hijo le dijo: “Padre, he pecado contra el cielo y contra ti; ya no merezco llamarme hijo tuyo”. Pero el padre dijo a sus criados: “Sacad en seguida el mejor traje y vestidlo; ponedle un anillo en la mano y sandalias en los pies; traed el ternero cebado y matadlo; celebremos un banquete; porque este hijo mío estaba muerto y ah revivido; estaba perdido, y lo hemos encontrado”. Y empezaron el banquete.
Su hijo mayor estaba en el campo. Cuando al volver se acercaba a la casa, oyó la música y el baile, y, llamando a uno de los mozos, le preguntó qué pasaba. Éste le contestó: “Ha vuelto tu hermano; y tu padre ha matado el ternero cebado, porque lo ha recobrado con salud”. Él se indignó y se negaba a entrar; pero su padre salió e intentaba persuadirlo. Y él replicó a su padre: “Mira: en tantos años como te sirvo, sin desobedecer nunca una orden tuya, a mí nunca me has dado un cabrito para tener un banquete con mis amigos; y cuando ha venido ese hijo tuyo que se ha comido tus bienes con malas mujeres, le matas el ternero cebado”. El padre le dijo: “Hijo, tú estás conmigo, y todo lo mío es tuyo: Deberías alegrarte, porque este hermano tuyo estaba muerto y ha revivido; estaba perdido, y lo hemos encontrado”.

Meditación del día

Si todos sois pecadores, entonces, seguro que comes con ellos, con los pecadores, y bebes con ellos y habitas con ellos y te tratas con ellos, y ellos tratan contigo, pecador empedernido, que sólo por la gracia de Dios, cada día eres un poco mejor, por ser asiduo a los sacramentos; a Dios, que está en ellos. Así que no te sientas el hijo bueno, que no eres bueno mientras tengas celos, mientras no respetes las decisiones de tu buen padre y mientras te compares con tu hermano.
Cuando Dios dice que quiere que trates a los demás como a ti te gustaría que te trataran; no quiere decir que como tu no eres tan malo como otros, no por eso, por no tener tu fiesta, los otros, el otro la tenga; porque la fiesta se hace para celebrar algo y no para perder el tiempo en cosas mundanas si ya tú deberías por tu fe, pasar de eso, y desear las delicias del Cielo. ¿Ves que no eres mejor que tu hermano pecador? Quieres tener tu fiesta por tenerla, sin celebrar otra cosa que derrochar y gastar la alegría en un día, cuándo la alegría es tu fidelidad. Ve con cuidado, porque de seguir pensando en fiestas, podría ser que desearas también la mitad de la herencia para irte a las cosas mundanas. Y tú padre te ama y confía en ti, precisamente porque eres fiel a él. ¿Qué fiesta mejor para ti que compartir con tu padre los trabajos de la hacienda? Eso hace feliz al hombre: trabajar, servir, quedarse siempre con el Padre.

P. Jesús

No hay comentarios.: