viernes, 2 de enero de 2009

Evangelio del Sabado 21 de Marzo del 2009

El publicano y el fariseo

Dijo también esta parábola a algunos que confiaban en sí mismos teniéndose por justos y despreciaban a los demás:
-Dos hombres subieron al Templo a orar: uno era fariseo y el otro publicano. El fariseo, quedándose de pie, oraba para sus adentros: "Oh Dios, te doy gracias porque no soy como los demás hombres, ladrones, injustos, adúlteros, ni como ese publicano. Ayuno dos veces por semana, pago el diezmo de todo lo que poseo".
Pero el publicano, quedándose lejos, ni siquiera se atrevía a levantar los ojos al cielo, sino que se golpeaba el pecho diciendo: "Oh Dios, ten compasión de mí, que soy un pecador".
Os digo que éste bajó justificado a su casa, y aquél no. Porque todo el que se ensalza será humillado, y todo el que se humilla será ensalzado.

Meditación del día

Ya Jesús en su parábola que hoy tratamos, nos avisa de que algunos se confiaban en sí mismos teniéndose por justos y despreciaban a los demás. Eso, antes y ahora, está en el corazón de muchas personas, ese deseo de creerse diosote y hacer su voluntad según las normas, incluso cristianas; se creen que por seguirlas, por cumplirlas, más o menos, ya son perfectos: se hacen dios, y es la mayor prueba de que no lo son. Uno no puede seguirse así mismo, uno no puede seguir su voluntad, sino la voluntad y a la persona de Cristo; el salvador.
Cuando uno busca las fuerzas en si mismo: se hace Dios.
Cuando uno busca su perfección y no el cumplimiento de la Ley de Dios: se hace Dios.
Cuándo uno cree que sus éxitos y sus fracasos son gracias a él: Se hace Dios. Porque los éxitos y los fracasos son el plan de Dios a los habitantes del mundo. Todos formamos parte del Plan de salvación y a veces son nuestros éxitos y a veces son nuestros fracasos: ¡jamás nuestros pecados!, por eso el fin no justifica, jamás, los medios que se utilizan, porque todo tiene que ser: La voluntad de Dios, y, a veces, Dios permite nuestros fracasos, nuestra humillación, como permitió la muerte de si mismo en la Cruz, para celebrar al cabo de tres días Su resurrección.
A veces hay que ‘morir’, hay que perder, para que ganen los planes de Dios.
Sigamos trabajando por y para ello. ¡Ánimo valientes! ¡Coged la cruz y seguid a Jesús! María nos anima a vivir una vida santa, tanto sea en el éxito como en el fracaso; lo importante siempre es que Dios gane, y no los dioses de barro en nosotros.

P. Jesús

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