Para que el mundo se salve por Él
Tanto amó Dios al mundo que le entregó a su Hijo Unigénito, para que todo el que cree en él no perezca, sino que tenga vida eterna.
Pues Dios no envió a su Hijo al mundo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por él.
El que cree en él no es juzgado; pero quien no cree ya está juzgado, porque no cree en el nombre del Hijo Unigénito de Dios.
Éste es el juicio: que vino la luz al mundo y los hombres amaron más las tinieblas que la luz, porque sus obras eran malas.
Pues todo el que obra mal odia la luz y no viene a la luz, para que sus obras no le acusen.
Pero el que obra según la verdad viene a la luz, para que sus obras se pongan de manifiesto, porque han sido hechas según Dios.
Meditación del día
La Luz es nuestra luz y por Jesús, que es nuestra luz, nosotros damos luz y debemos darla; si nó no habrá luz y todo serán tinieblas.
Dar luz es unirse a la Luz y unirse a la Luz es tener y usar de los sacramentos que son la Luz del mundo.
Sólo la Iglesia Católica Apostólica y Romana de lá Luz, porque vive la Luz en Ella, es por la Luz de Cristo la luz del mundo, y el mundo, por esta luz de la Iglesia Católica, por la Luz de Dios, no está en tinieblas.
Tú eres luz: alumbra y deja que la luz se propague en el mundo, porque: ¿no oyes los sollozos de las tinieblas? No ven y tienen miedo y sufren y… necesitan de tu luz, la luz que reflejas de la Luz que vas a buscar en la Eucaristía; allí está la Luz de la Verdad, de la Resurrección, del Amor de Dios en Dios para todos nosotros. Para ti.
No pretendas ser luz sin tener a Dios, porque, aunque se han inventado las pilas, no es esa la clase de luz que dura, sino la verdadera, la de la Iglesia Católica. Los que se modernizaron, los que son pilas, se agotan y se apagan, porque su fuente de energía está en una cápsula, y la Luz es Universal y para todos: ricos y pobres: den el diezmo o no lo den, porque no es cuestión de dinero sino de venderse, y nadie tiene suficiente dinero en el mundo como para comprarte a ti: hijo de Dios, heredero del Cielo. Dios pagó por ti un alto precio, para que pienses que por cuatro monedas pueden comprarte. Venderte es darte de lo que eres y cobrar en bienes raíces, es decir: a Cobrar en el Cielo Eterno. Esos son los bienes duraderos, los que Dios pagó por ti en la Cruz, y te da la Resurrección por tu fe y la acción de creer, que es ir a comer de Su Cuerpo y a beber de Su Sangre, en el milagro de que Dios murió y se quedó en el Sagrario.
Sé luz y véndete al mejor postor: A Dios. Que nadie dará tanto por ti: ¡Nadie!
¡Viva la Pascua de Resurrección! ¡El Amor en Acción! Dios se vendió y tú y yo lo compramos con la voluntad de ir a buscarlo en la Eucaristía. ¡Y gratis!
P. Jesús
viernes, 2 de enero de 2009
Evangelio del Miercoles 22 de Abril del 2009
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