viernes, 2 de enero de 2009

Evangelio del Miercoles 8 de Abril del 2009

Uno de vosotros me va a entregar

Entonces, uno de los doce, el que se llamaba Judas Iscariote, fue donde los príncipes de los sacerdotes a decirles: -¿Qué me queréis dar a cambio de que os lo entregue? "Ellos "le" ofrecieron treinta ""monedas de plata". Desde entonces buscaba la ocasión propicia para entregárselo.
El primer día de los Ácimos se acercaron los discípulos a Jesús y le dijeron: -¿Dónde quieres que te preparemos la cena de Pascua?
Jesús respondió: -Id a la ciudad, a casa de tal persona, y comunicadle: "El Maestro dice: "Mi tiempo está cerca; voy a celebrar en tu casa la Pascua con mis discípulos"". Los discípulos lo hicieron tal y como les había mandado Jesús, y prepararon la Pascua.
Al anochecer se sentó a la mesa con los doce.
Y cuando estaban cenando, dijo: -En verdad os digo que uno de vosotros me va a entregar. Y, muy entristecidos, comenzaron a decirle cada uno: -¿Acaso soy yo, Señor?
Pero él respondió: -El que moja la mano conmigo en el plato, ése me va a entregar.
Ciertamente el Hijo del Hombre se va, según está escrito sobre él; pero ¡ay de aquel hombre por quien es entregado el Hijo del Hombre! Más le valdría a ese hombre no haber nacido.
Tomando la palabra Judas, el que iba a entregarlo, dijo: -¿Acaso soy yo, Rabbí? -Tú lo has dicho -le respondió.

Meditación del día

¿Y tú qué recibes cada vez que traicionas a Jesús? Sí, cuando dejas a tu conciencia de lado y te haces egoísta y quieres que se haga tu voluntad a toda costa y no amas a Dios sobre todas las cosas, y luego tienes un dolor en el alma y sufres de profunda tristeza. Sí, entonces es cuando a veces te arrepientes, y necesitas ir a confesarte porque no puedes más vivir con esta amargura de ser un Judas.
Anda, anda, hijo de Dios, ve, ven a confesarte y verás que todo tiene su principio en el dolor de contrición.
Pero, no sólo tienes que ir a confesarte sino que debes pedir perdón por tus ofensas a tus hermanos que, quizás por tú dañarlos, ellos también han pecado.
¡Hay que parar el pecado! Con la confesión, el pedir perdón y el perdonarse.
Hay que estar limpios delante de Dios, y Dios siempre está observándote. No te hagas el distraído, porque sé que lo sabes; sé que sabes que Dios te ve de continuo. Anda, deja lo que estés haciendo y ven a confesarte, no esperes porque puede ser tarde para parar el mal que has sembrado por no amar a Dios sobre todas las cosas, por no sentirte hermano del necesitado. Sí, de ese que necesitaba de ti tu bondad y no tu pecado.
Haced las paces y sed buenos. Que Dios os ve.

P. Jesús

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