viernes, 2 de enero de 2009

Evangelio del Viernes 17 de Abril del 2009

¡Es el Señor!

Después volvió a aparecerse Jesús a sus discípulos a orillas del mar de Tiberíades. Se apareció así: estaban juntos Simón Pedro y Tomás -el llamado Dídimo-, Natanael -que era de Caná de Galilea-, los hijos de Zebedeo y otros dos de sus discípulos.
Les dijo Simón Pedro: -Voy a pescar. Le contestaron: -Nosotros también vamos contigo. Salieron y subieron a la barca. Pero aquella noche no pescaron nada.
Cuando ya amaneció, se presentó Jesús en la orilla, pero sus discípulos no se dieron cuenta de que era Jesús.
Les dijo Jesús: -Muchachos, ¿tenéis algo de comer? -No -le contestaron.
Él les dijo: -Echad la red a la derecha de la barca y encontraréis. La echaron, y casi no eran capaces de sacarla por la gran cantidad de peces.
Aquel discípulo a quien amaba Jesús le dijo a Pedro: -¡Es el Señor! Al oír Simón Pedro que era el Señor se ató la túnica, porque estaba desnudo, y se echó al mar.
Los otros discípulos vinieron en la barca, pues no estaban lejos de tierra, sino a unos doscientos codos, arrastrando la red con los peces.
Cuando descendieron a tierra vieron unas brasas preparadas, un pez encima y pan.
Jesús les dijo: -Traed algunos de los peces que habéis pescado ahora.
Subió Simón Pedro y sacó a tierra la red llena de ciento cincuenta y tres peces grandes. Y a pesar de ser tantos no se rompió la red.
Jesús les dijo: -Venid a comer. Ninguno de los discípulos se atrevía a preguntarle: "¿Tú quién eres?", pues sabían que era el Señor.
Vino Jesús, tomó el pan y lo distribuyó entre ellos, y lo mismo el pez.
Ésta fue la tercera vez que Jesús se apareció a sus discípulos, después de resucitar de entre los muertos.

Meditación del día

Dios te inspira que vayas a ése a hablarle de Él, pero tú, a veces, no vas y no pescas nada. Y tienes hambre de amor y comprensión… te sientes sólo y es porque no has pescado: A nadie has acercado a Dios.
Si tú no sales a pescar y no haces lo que Dios te pide, entonces no tendrás nada para comer. El mundo seguirá egoístamente siendo soberbio y tú, por enterrar tus talentos, te morirás de hambre: de amor verdadero.
Tú puedes y debes pescar.
Voy a enseñarte a preparar el anzuelo. Empecemos: ¿Ya tienes el manual del Pescador? Pues cómprate ya el Catecismo de la Iglesia Católica, allí hay todo, todo lo referente a tu fe, y es sacado de la Biblia: sin adulterarla. Hazme caso y aprende a ’pescar’. Te interesa. Para ti, es de tu interés, el que el mundo cambie para bien; y el mundo cambia cuando hallan a Jesús de Nazaret: Dios resucitado.

P. Jesús

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