"Curación de un leproso"
Se acercó a Jesús un leproso, suplicándole de rodillas: -Si quieres puedes limpiarme-. Sintiendo lástima, extendió la mano lo tocó diciendo: -Quiero: queda limpio-. La lepra se le quitó inmediatamente y quedó limpio. Él lo despidió, encargándole severamente: -No se lo digas a nadie; pero para que conste, ve a presentarte al sacerdote y ofrece por tu purificación lo que mandó Moisés-. Pero cuando se fue, empezó a divulgar el hecho con grandes ponderaciones, de modo que Jesús ya no podía entrar abiertamente en ningún pueblo; se quedaban fuera, en descampados; y aún así acudían a él de todas partes.
MEDITACIÓN:
Es necesario que sepas que tienes lepra, sino lo sabes, ¿Vas acudir a Jesús? ¡No!
¿Dónde está éste examen de conciencia?
Brilla por su ausencia.
Y tú tienes la lepra y no te has enterado. Te lo digo: ¡Estás en pecado!
Ah, menos mal que de la sordera si que te curó el Señor.
Ahora que sabes que estás en pecado mortal, ve… ¡ve a la Iglesia! ¡Ve a confesarte! Que el sacerdote representa a Dios y puede y va a limpiarte, en nombre de Cristo. Sí, del que tanto te amó que venciéndose a Sí mismo dejó que lo matasen. Y tú…, tú temes ir a confesarte… Él, Cristo, murió; y tú le temes a la confesión. No sé si estás ciego o sordo o sólo leproso, pero sí que te falta amor. Ve, ve con Dios. Te espera en el confesionario; recuérdalo; te estará esperando hasta que vayas. ¡Ve!... ve…
Sé persona de fe.
P. Jesús
viernes, 2 de enero de 2009
Evangelio del Domingo 15 de Febrero
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