viernes, 2 de enero de 2009

Evangelio del Domingo 5 de Abril del 2009

DOMINGO DE RAMOS EN LA PASION DEL SEÑOR

Y de mañana, enseguida, se reunieron en consejo los príncipes de los sacerdotes con los ancianos y los escribas y todo el Sanedrín y, atando a Jesús, lo llevaron y lo entregaron a Pilato.
Y le preguntó Pilato: -¿Eres tú el Rey de los Judíos? -Tú lo dices -le respondió él.
Y los príncipes de los sacerdotes le acusaban de muchas cosas.
Entonces Pilato volvió a preguntarle: -¿No respondes nada? Mira de cuántas cosas te acusan.
Pero Jesús ya no respondió nada, de modo que Pilato estaba admirado.
En el día de la fiesta acostumbraba a conceder la libertad de uno de los presos, el que pidieran.
Había uno que se llamaba Barrabás, apresado con otros sediciosos, que en una revuelta habían cometido un homicidio.
Subió la gente y comenzó a pedirle lo que les solía conceder.
Pilato les respondió diciendo: -¿Queréis que os suelte al Rey de los Judíos?
-pues sabía que los príncipes de los sacerdotes lo habían entregado por envidia.
Pero los príncipes de los sacerdotes incitaron a la gente, para que mejor les soltase a Barrabás.
Pilato de nuevo les preguntaba: -¿Y entonces qué queréis que haga con el Rey de los Judíos?
Ellos volvieron a gritar: -¡Crucifícalo!
Pilato les decía: -¿Y qué mal ha hecho? Pero ellos gritaban más fuerte: -¡Crucifícalo!
Pilato, queriendo contentar a la muchedumbre, les soltó a Barrabás; y a Jesús, después de haberle hecho azotar, lo entregó para que fuera crucificado.
Los soldados lo condujeron dentro del patio, es decir, el pretorio, y convocaron a toda la cohorte.
Lo vistieron de púrpura y le pusieron una corona de espinas que habían trenzado.
Y comenzaron a saludarle: -Salve, Rey de los Judíos.
Y le golpeaban en la cabeza con una caña, le escupían e hincando las rodillas se postraban ante él.
Después de reírse de él, le despojaron de la púrpura y le colocaron sus vestiduras. Entonces lo sacaron para crucificarlo.
Y a uno que pasaba por allí, que venía del campo, a Simón Cireneo, el padre de Alejandro y de Rufo, le forzaron a que le llevara la cruz.
Y le condujeron al lugar del Gólgota, que significa "lugar de la Calavera".
Y le daban a beber vino con mirra, pero él no lo aceptó.
Y le crucificaron y "se repartieron "sus" ropas echando suertes sobre ellas" para ver qué se llevaba cada uno.
Era la hora tercia cuando lo crucificaron.
Y tenía escrita la inscripción con la causa de su condena: "El Rey de los Judíos".
También crucificaron con él a dos ladrones: uno a su derecha y otro a su izquierda.
Los que pasaban le injuriaban, "moviendo la cabeza" y diciendo: -¡Eh! Tú que destruyes el Templo y lo edificas de nuevo en tres días,
sálvate a ti mismo, bajando de la cruz.
Del mismo modo, los príncipes de los sacerdotes se burlaban entre ellos a una con los escribas y decían: -Salvó a otros, y a sí mismo no puede salvarse.
Que el Cristo, el Rey de Israel, baje ahora de la cruz, para que veamos y creamos. Incluso los que estaban crucificados con él le insultaban.
Y cuando llegó la hora sexta, toda la tierra se cubrió de tinieblas hasta la hora nona.
Y a la hora nona exclamó Jesús con fuerte voz: -"Eloí, Eloí, ¿lemá sabacthaní?" -que significa "Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?"
Y algunos de los que estaban cerca, al oírlo, decían: -Mirad, llama a Elías.
Uno corrió a empapar una esponja "con vinagre", la sujetó a una caña y se lo "daba a beber" mientras decía: -Dejad, veamos si viene Elías a bajarlo.
Pero Jesús, dando una gran voz, expiró.
Y el velo del Templo se rasgó en dos de arriba abajo.
El centurión, que estaba enfrente de él, al ver cómo había expirado, dijo: -En verdad este hombre era Hijo de Dios.

Meditación del día

La historia nos acusa de nuestra falta de amor a Dios, y para poder amarlo tuvo que morir, para vivir Dios Espíritu Santo en nosotros; solo la muerte de Dios podía ‘traernos’ a Dios Espíritu Santo, que es el Amor en acción, a enseñarnos a amar con Dios, en Dios, para Dios el Amor.
Si Cristo no hubiera muerto carnalmente, no podríamos sentir el amor de Dios con que nos ama tanto y por lo cual no podríamos amarlo, porque no lo conoceríamos, y viviríamos en la más triste soledad en que viven los judíos, la de esperar al Mesías. Pero Dios vino al mundo en el cuerpo de Jesús que siendo Dios y hombre verdadero, salvó al mundo.
Tú, tu eres salvado por el amor verdadero con que te ama Dios Uno y Trino.
¡Aleluya!
Dios vive.
Dios vivo vino al mundo y murió por amor a si mismo, a Dios Uno y Trino, para demostrar el amor amando.
Amemos a Dios y hagamos el propósito de comulgar a menudo, porque Dios se quedó, está en las palabras del Verbo encarnado: “Haced esto en conmemoración Mía”.
Viva la dicha de los que aman y son amados y por ser amados aman y amamos y todos en Dios formaremos el Reino de los Cielos en la Eternidad del Siempre Jamás. ¡Así sea!
Y los Ángeles cantan aleluyas porque ellos son la luz del amor, al servicio de la Iglesia.
¡Tú eres Iglesia!
Hablaré de ello mañana.
¡Hasta mañana hijos de Dios, hermanos míos!

P. Jesús

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